Más de lo mismo

martes, octubre 30, 2018

Escribir, escalar, estudiar, enseñar

El relato inexistente. 
La persona que no cree.
Individuos, por doquier.
Y no necesitas estar en su lugar.

La comunicación apesta
Mi vocabulario no basta.
No puedo terminar de pensar, porque no sé cómo pronunciarlo.

Hay una muchacha que le llama mucho la atención. Ya la miró un par de veces. De hecho, ya hicieron contacto visual. Ya está todo dicho, dirían algunos. 
Pero no, mejor quedarse en el lugar, seguir mirando de reojo, seguir "pispeando".. 
Ahora descubre que puede verla en el reflejo del ventanal de la biblioteca.
No la puede ver en detalle. No ve su sonrisa, no ve el color de sus ojos, ni siquiera podría decir si es real o un sueño.

Sólo sabe que sigue ahí, que no la perdió, que no se fue. Que es suya.  Esto lo tranquiliza.
Qué pensaría su esposa? Hoy decidió abandonarla nuevamente, por unas horas, pero que significan días, meses, años. Cada vez que se separaron, pasaron muchos años. 

Sonríe, una vez más. El encuentro casual. El gusto de la piel. Es lo que siempre le hizo bien. La espontaneidad. Como esa vez hace casi ocho años. Como esas otras tantas veces.
Debe tener tanta mala suerte, que seguro deben tener a alguien en común.

Eso también siempre lo excitó. Es un desafío. El único desafío del que nuca se puede cansar. El sabor del exceso, de la transgresión, y saber que no va a morir. Habrá tristeza, llantos, odio, desamor y se caerá el mundo. Pero no muerte. Nunca muerte. Es lo bueno de la yerba mala. Nunca muere.