
"Vivía a cierta distancia de su cuerpo, observando sus propios actos con mirada furtiva y escéptica. Poseía un extraño hábito autobiográfico que lo llevaba a componer mentalmente una breve oración sobre sí mismo con el sujeto en tercera persona y el predicado en tiempo pretérito[...] Fue durante años cajero de un banco privado de Baggot Street. Cada mañana venía desde Chapelizod en tranvía. Al mediodía iba a Dan Burke a almorzar: una botella grande de láguer y una bandejita llena de bizcochos de arrurruz. Quedaba libre a las cuatro. Comía en una casa de comidas en George's Street, donde se sentía a salvo de la compañía de la dorada juventud dublinesa y donde había una cierta honestidad rústica en cuanto a la cuenta. Pasaba las noches sentado al piano de su casera o recorriendo los suburbios. Su amor por la música de Mozart lo llevaba a veces a la ópera o a un concierto: eran éstas las únicas liviandades en su vida."
James Joyce, The Dubliners.
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