"Creías que era, más o menos, así: durante tu vida entera trabajaste duramente, sacrificando todo a tus hijos, en especial a mí. Por lo tanto, yo he vivido cómodamente, he tenido absoluta libertad para estudiar lo que se me dio la gana, no he tenido que preocuparme por el sustento, por nada, por lo tanto, y en cambio de eso, tú no pedías gratitud (tú conoces como agradecen los hijos) pero esperabas por lo menos algún acercamiento, alguna señal de simpatía; por el contrario, yo siempre me he apartado de ti, metido en mi cuarto, con mis libros, con amigos insensatos, con mis ideas descabelladas; jamás hablé francamente contigo, en el templo jamás me acerqué a ti, en Franzenbad no fui jamás a visitarte, tampoco he conocido el sentimiento de familia, ni me ocupé del negocio ni de tus otros asuntos, te endosé la fábrica y te abandoné luego, apoyé a Otila en su terquedad, y mientras que por ti no muevo ni un dedo (si siquiera te traigo una entrada para el teatro), no hay cosa que no haga por mis amigos"
ibid, p. 7
"Todavía años más tarde me perseguía la visión aterradora de ese hombre gigantesco, mi padre, esa última instancia, que podía, casi sin motivo, venir de noche a sacarme de la cama y llevarme al balcón, a tal punto yo no era nada para él. Aquello fue entonces solamente un breve comienzo, pero esa sensación de nulidad que con frecuencia me domina (en otro sentido, sin duda, también una sensación noble y fértil), se debe en gran parte a tu influencia"
ibid, p. 13
"Si quería escapar de ti, también debía hacerlo de la familia, y hasta de mi madre. En ella, era siempre posible encontrar protección, pero tan sólo en relación contigo. Te amaba demasiado, demasiada era su fidelidad hacia ti como para que, en la lucha del hijo, ella pudiese constituir, en forma duradera, un poder espiritual independiente. Reconocerlo fue una intuición correcta del niño, porque, a través de los años, mi madre se unió cada vez más a ti..."
ibid, p. 34
"Si comenzaba a hacer algo que no fuera de tu gusto y tú me amenazabas con el fracaso, el respeto por tu opinión era tan grande en mí, que el fracaso, aunque fuese mucho más tarde, era irremediable.
Perdí la confianza en mis actos. Yo era inconstante, indeciso. A medida que fui creciendo aumentó el material que podías señalar como testimonio de mi inutilidad; poco a poco, en ciertos aspectos, comenzaste a tener razón"
ibid, p. 22
"También es verdad que nunca me golpeaste realmente. Pero esos gritos, ese enrojecimiento de tu rostro, ese rápido movimiento para quitarte los tiradores y colocarlos deliberadamente en el respaldo de la silla, todo eso era casi peor para mí. "Es como uno cuando va a ser ahorcado. Si realmente lo ahorcan, está muerto y todo se acabó. Pero si tiene que asistir a todos los preparativos para su ejecución y sólo cuando el nudo corredizo ya cuelga ante sus ojos se entera del indulto, es posible que quede afectado por ello durante toda su vida. Además, de tantas veces en que, según tu opinión claramente expresada, merecía yo una paliza de la que me salvaba por poco, gracias a tu perdón, sólo conseguía acumular un sentimiento de culpa todavía más grande. Desde todos los ángulos, yoquedaba siempre culpable frente a ti"
ibid, p. 28
"Con mayor acierto dirigías tu aversión contra mi escribir y contra todo aquello que, desconocido para ti, se relacionaba con esa actividad. Realmente, en ella me había independizado y alejado un buen trecho de ti, aun cuando la situación recuerde la de un gusano que, aplastado por un pie en su parte trasera, avanza con la parte anterior y se arrastra hacia un costado. Me sentía en cierto modo a salvo, podía respirar; la aversión que por supuesto sentías por mis escritos me resultaba, por excepción, sumamente grata. Si bien mi vanidad y mi amor propio sufrían con ese saludo, ya famoso entre nosotros, con que recibías mis libros: "¡Déjalo sobre la mesa de luz!" (casi siempre estabas jugando a los naipes cuando llegaba mi libro), en el fondo eso me agradaba, no sólo por mi maldad no saciada todavía, no sólo por el placer de esa nueva confirmación de mi concepto acerca de nuestras relaciones, sino antes que nada porque aquella fórmula me sonaba como si dijeras: "¡Ahora eres libre!" Naturalmente, se trataba de un engaño, yo no era libre, o bien, en el caso más favorable, aún no lo era. Mis escritos trataban de ti: en ellos quedaban consignadas las quejas que yo no podía presentarte a ti, en persona"
ibid, p. 32
por qué esas ingenuas ganas, esa estúpida esperanza de poder arreglar las cosas algún día? de QUERER arreglarlas. Con cierta gente, tan mierda, cerrada, oblicua, insensata, hipócrita, despectiva como el padre de Kafka, simplemente no se puede solucionar nada. Ni con una carta de 45 hojas, como la de Kafka también. Franz, esta clase de gente no se merece ni siquiera el encabezado de "Querido Padre,", no se merece ni siquiera las mayúsculas. Aún así lo intentamos, de forma masoquista casi, revolvemos en lo inevitable, sufrimos casi adrede para qué? para un "¡Déjalo sobre la mesa de luz!" ? En mi caso, no podía dejar de hacer esta cita casi de rigor al enterarme de que mis incongruencias paternas son idénticas a las de Kafka y con dicha carta, están mejor letradas. No me sorprende ya que haya tantos casos similares, me sorprende que de gente tan errada no se aprenda, en algún momento se muere el padre y queda el hijo; es deber del hijo no ser como el padre. En algún momento se muere el padre.......... será tanto como para desearla lo peor a una persona? ..."persona".
1 comentario:
Por experiencia, la indiferencia es la mejor arma contra alguien. Ni los insultos, ni los deseos de muerte. Simplemente el no reconocimiento como tal. Como ser humano, y mucho menos como relativo familiar.
Consejo nomás.
Publicar un comentario