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lunes, julio 25, 2011

de la guitarra y el sordomudo...

Encuentro en la música todo un complejo sistema idiomático el cual no
puedo expresar mediante el sonido habitual que entendemos como
lenguaje, mediante el habla, mediante mi voz. Mi corriente musical va
por otro lado, quizás más allá o quizás no de lo que es la geometría,
la formalidad, lo duro de la música -no quiero parecer soberbio ni
pecar de falsa modestia-; quizás esta sensaación sea necesaria para
aprender un lenguaje musical más técnico, por lo que no debería
sentirme especial, o quizás mi nivel de percepción sea sufiecente o
mayor al que cualquier hoja pentagramada puede ortorgar. En todo caso
respeto ambos puntos de vista y, en todo caso también, disfruto
aprendiendo solo. No seré jamás un virtuoso, porque no soy dedicado, a
nada de hecho. Pero saboreo lo que toco, la eternidad que intento
plasmar en la reververacion de una cuerda, mientras otras sueltan
chillidos con golpeteos repetitivos constantes, y a su vez, las voces
del medio cantan, queriendo hacerce notar. Son tres voces claramente
difinidas las que uso para expresarme con una guitarra. Quizás eso
denote lo multifacético que puedo ser, lo falso en malas palabras, o
lo flexible en buenas. Denota también la necesidad de decir algo y de
no saber exactamente cómo, a lo que me las rebusco entre tres
opciones. Sugiere cierto instinto de supervivencia creo, cierta
indecisión e inseguridad ante el temor de que una de mis voces no sea
aceptada o bienvenida, por lo que tengo otras para no pasar un mal
momento. Mi objetivo según entiendo es no difundir dolor ya que no se
me ha permitido experimentarlo ni se me ha sabido instruir en tal
materia. No culpo a nadie por ello. Nadie enseña a ser padres. Nadie
aprende tampoco.
Me intriga sobremanera a qué se deben mis dotes musicales. No tengo
registro alguno de músicos en mi familia y mucho menos fui promovido
ni influenciado a un mejor aprendizaje desde temprana edad. Mi familia
desconoce descarada e indiscriminadamente, las terribles avalanchas de
sensaciones que la música quue hago o escucho, produce en mi. Ni
hablar de lo que intento expresar escuchando determinada banda,
chasqueando en determinado tambor. Elevo la queja correspondiente ante
tan penosa desconsideración.
En fin, ese loop constante es el habitué es mis composiciones
guitarreras. Busco eso "épico" en una sola octava, de Mi a Mi busco
que se necesite desesperadamente llegar a la armonía, al placer que
genera llegar a la próxima octava, el suspenso y la locura de pararse
en el último semitono antes de concluir en la nota 8, en la octava y
que fluya, que fluya que se encuentre con su antecesora, que suenen
juntas, afinidas (dios que lindo es cuando consigo tener bien afinada
la guitarra), lindas, bellas, que transpiren mis dedos de tenerlas con
fuerza. Cuánta pasión, todavía no necesito saber lo que estoy tocando
en realidad, puedo consultar algún manual en cualquier otro momento;
ahora me estoy desenvolviendo en sonidos, me expreso, encuentro mis
voces.
Por fin ahora, logro hablar.

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