Más de lo mismo

miércoles, abril 25, 2012

El duro y constante intento de no crecer, de mantener alguna vibra viva, alguna razón original, causante de mi actual estadío de decrecimiento. La lenta máquina adulta avanza, no lo quiero creer, ni tampoco lo voy a hacer, pero lo sé, lo reconozco. Reconozco, siento cómo la bestia recorre pasillos, pasadizos, vasos sanguíneos, células, capilares: la lenta procesión que marcha a velocidad inigualable, a pasos agigantados, la lucha por el ser es otra,  pero no me pienso involucrar. Acaso mi infancia ha alcanzado su fin? Un etapa que culmina?
Como yo lo entiendo, estos dos años de infancia me han dado eternas razones por las cuales hoy puedo escribir acá (o intentar escribir...); pero siguen siendo sólo dos años... dos años de duros golpes, llantos, realizaciones, peleas, mentiras, mentiras y muchas más mentiras. Lo que en otra vida me hizo un hijo feliz en un mundo triste, gris, hoy actúa totalmente en forma contraria. Soy esa cosa que anda, que rueda, pero carezco de rock and roll, tengo un estilismo heredado para moverme entre la maraña y pesadumbre ajena, pero soy mas tosco, osco y parco de lo que se cree. Soy un hijo triste en ese mundo feliz de Aldous, las enfermedades diversas que en otra vida fueron perfectamente bien ocultadas, como tantos otros crímenes en la historia de la humanidad, hoy en día se muestran a plena luz del día, se dejan entrever sin el mínimo pudor, dermatológicamente comprobado, psicológicamente testeado, me deshago a cada paso que doy, desato cada cabo amarrado por mi madre y mi padre, por mi familia entera, esa galleta de nudos, amarres, cabo y anclajes... soy la suma de pequeños cordines, y no una extensa cuerda de rappel.
Qué es lo que no me permite entregarme más de mi? Porque casi que tengo en claro que a otros no puedo otorgar mucho, al menos me queda estar satisfecho conmigo mismo, pero no, sigo sin estarlo, sigo sin estar conforme con mi etapa infantil, sigo insistiendo con una vida que ya fue, que honestamente no fue, una mentira, sigo revolcándome es esa cursilería, banalidad, cuando ya no tengo a quien culpar. Cuándo es el día del padre?
Cuántos años tiene mi madre? Ya no queda nadie con esas figuras, la lenta máquina adulta avanza.
Quiero la belleza de nuevo, quiero simplificar todo, quiero a Thoreau de nuevo en esta etapa de mi vida, que supongo, es otro etapa, y nada más... quiero conmigo todo lo que perdi por plata, por horas de trabajo insulso, que sí, me da mucho, pero pierdo el doble.
Quiero mi ocio activo, quiero a mis tutores de siempre, los he perdido, los he abandonado, Joyce? Tolstoy? Todos hallazgos de tan impronta película.
Ahora voy en busca de tecnificarme, de acotarme, de saber mucho de solo una pequeña porción de la inmensidad.
Quiero ser la hoja de otoño, esa que hace ruido al quebrarse, esa que produce placer. No quiero causar daño, sino placer, no quiero causarme más daños. Quiero ser la eterna alma volátil, en esencia primaveral, aérea, fluída, líquida, sólo quiero ser alma, desquitarme de tanto peso, ser aire, ser agua, ser liviano, no quiero carga alguna, no quiero compromisos, no quiero deudas, ser alma y arte, alma expresa, arte subjetiva, ser un sin nombre, no ser "alguien", no contestar al "beneventana", menos a un "matías", quiero ser un extraño, anónimo con una sonrisa feliz, ser capaz de hacerte sonreír, quiero ser autómata, pero no automático, seguiré quizás algún elitismo, alguna vanguardia, algún esteticismo, algún modelo o forma de pensar, probablemente, pero no seré ese Superyo freudiano, quien creía ser. Quiero componer y recomponer. Quiero vida, ser alma expresa.

No hay comentarios: