"Ascendiendo por la gruta de Groton, vislumbré en la lejanía un débil fulgor que en apariencia surgía de la tierra -por allí no existen casas. ¿Sería un viajero con su linterna, o un fuego fatuo? Nadie pudo haberlo visto; pertenece a la mitología moderna. ¿Voy a alcanzarlo? Tiende a morirse. ¿Es el reflejo de la estrella del atardecer sobre el agua, o tal vez una fosforescencia? Alcanzo a sentir el olor a quemado, veo las chispas que brillan sobre el fondo negro. Son unos troncos semiapagados, casi cubiertos de tierra, abandonados en la pradera recién labrada y que abrasan ahora sombrías llamas interiores. Un campamento de bohemios. Estoy sentado en la extremidad intacta de un tronco, y busco el calor del fuego; escribo al fulgor de la lumbre, ya que aún no apareció la luna. ¡Qué cosa extraña y titánica es el Fuego, Vulcano entregado en la noche a su obra ciclópea en este horno, lejos de los hombres peligrosos para él, consumiendo la tierra, royendo sus entrañas! El tizón llamea dentro. Miren el Fuego hambriento que tiene a la selva en su boca. De un lado, el bosque sólido; del otro el humo y las chispas. Así es como trabaja. El granjero pone de lado esos troncos para ser destruidos, consumidos, como desecho de las árboles. Los da a su perro o a su buitre: el Fuego. Se creería que arde la yesca. Me gusta ese olor. Las ranas contemplan las llamas y sueñan cerca del fuego. Hay en su interior, cavernas en ignición, incrustadas de fuego como un pozo de salitre. No es de extrañar que anden las salamandras. Al verlas uno piensa en que hay seres vivientes en el fuego, que el fuego engendra." H.D. Thoreau.-viernes, abril 02, 2010
"Ascendiendo por la gruta de Groton, vislumbré en la lejanía un débil fulgor que en apariencia surgía de la tierra -por allí no existen casas. ¿Sería un viajero con su linterna, o un fuego fatuo? Nadie pudo haberlo visto; pertenece a la mitología moderna. ¿Voy a alcanzarlo? Tiende a morirse. ¿Es el reflejo de la estrella del atardecer sobre el agua, o tal vez una fosforescencia? Alcanzo a sentir el olor a quemado, veo las chispas que brillan sobre el fondo negro. Son unos troncos semiapagados, casi cubiertos de tierra, abandonados en la pradera recién labrada y que abrasan ahora sombrías llamas interiores. Un campamento de bohemios. Estoy sentado en la extremidad intacta de un tronco, y busco el calor del fuego; escribo al fulgor de la lumbre, ya que aún no apareció la luna. ¡Qué cosa extraña y titánica es el Fuego, Vulcano entregado en la noche a su obra ciclópea en este horno, lejos de los hombres peligrosos para él, consumiendo la tierra, royendo sus entrañas! El tizón llamea dentro. Miren el Fuego hambriento que tiene a la selva en su boca. De un lado, el bosque sólido; del otro el humo y las chispas. Así es como trabaja. El granjero pone de lado esos troncos para ser destruidos, consumidos, como desecho de las árboles. Los da a su perro o a su buitre: el Fuego. Se creería que arde la yesca. Me gusta ese olor. Las ranas contemplan las llamas y sueñan cerca del fuego. Hay en su interior, cavernas en ignición, incrustadas de fuego como un pozo de salitre. No es de extrañar que anden las salamandras. Al verlas uno piensa en que hay seres vivientes en el fuego, que el fuego engendra." H.D. Thoreau.-
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