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lunes, noviembre 15, 2010

Homero Jay

"Y volví a las naves con mis divinos acompañantes, llevando el corazón hirviendo de pensamientos"
 (corazón? razón? qué genio)
Recién ahora lo leo a Homerín, pero qué grande que fue. Todo el relato está cargando de frases así, muy a lo griego, esa cosa épica que roza la exageración, pero sin duda cada palabra que usa para describir o hacer hablar a los personajes "engrandece" a uno mismo.
"Un año a tu lado sería corto para mí y no sentiría nostalgia de mi casa y de ims gentes, pues cada palabra de tus relatos me causa al oírla  un terrible placer" o...
"Yo te acompañaré, tomaré mis mejores caballos y seré tu guía. De ciudad en ciudad verás abrirse ante nosotors todas las puertas, y antes de abandonarlas nos colmarán de regalos: calderos, trípodes, paresde mulas, copas de oro..."
Y algo que se reintera en todas las reuniones, esa "inocencia"? nono, esa camaradería, esa buena voluntad, fraternidad muy de los antiguos...
"A continuación se sacaron del fuego las carnes bien asadas, se repartieron y comenzó alegremente el soberbio banquete. Una vez satisfechas el hambre y la sed, el viejo conductor de carros, Néstor, tomó la palabra: -Si existe un momento oportuno para preguntar a los huéspedes cuáles son sus nombres, es este en que acaba nde gozarse los placeres de la mesa.¿Queréis decirme, extranjeros, vuestros nombres, de dónde venís por los caminos del mar, si sois comerciantes o acaso piratas que locamente correís de un lado a otro sobre las olas, arriesgnado vuestras vidas para saquear y asolar las costas extrañas?
O sea, sos totalmente bienvenido en cualquier lugar sin haberte presentando ni siquiera por el nombre. Eso es un carácter muy humano que se destaca todo el tiempo en el libro y algo que hoy en día está más que perdido. La historia de Ulises está quedando medio de lado por ahora por el simple hecho de que me fascina ver cómo eran los tratos de antes.
Qué poco hombres somos.

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